Virtudes de las sopas fríasVirtudes de las sopas fríasEl éxito indiscutible de las sopas frías radica en lo popular de sus ingredientes, en la simplicidad y el sabio equilibrio de sus recetas”, explica Abraham García, chef del restaurante “Viridiana” de Madrid, España, y autor de cuatro libros publicados sobre gastronomía, entre ellos “Cien recetas para quitarse el sombrero”. “Con una climatología cada vez más cálida y una huerta sin parangón, sería absurdo renunciar a esas sopas protagonizadas por vegetales”, añade el maestro. “Usualmente, las sopas frías son a base de vegetales, por lo que hidratan y son muy recomendables en tiempos de calor. Al llevar verduras, contienen buenas cantidades de carotenos y pueden incorporar grandes dosis de ácido fólico”, comenta el doctor Jesús Román Martínez, de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación. El rey de todas las sopas frías es, sin duda alguna, el gazpacho. Considerado un invento culinario de Andalucía, sur de España, hoy en día este plato se come en cualquier país del mundo y es permanente objeto de un sinfín de experimentos gastronómicos. Su ingrediente principal es el tomate y está elaborado con hortalizas. Para cualquiera que sea el modo de preparar el gazpacho, existen puntos básicos que hay que tener en cuenta siempre para que este plato no pierda su valor alimenticio. Antes que nada, es imprescindible que los tomates estén en sazón y cuanto más maduros, mejor. Importantísimo que el aceite de oliva sea del año, fresco y fragante. También es fundamental el vinagre de Jerez. El gazpacho y su hermano más espeso, el salmorejo, ambos a base de tomate, representan una tentación irresistible para los amantes de la comida sabrosa y sana. Esta temporada las variaciones más populares se dan introduciendo en estos platos frutas como el melón, la sandía, el kiwi o el pomelo. Los cocineros entusiasmados se atreven a los experimentos más increíbles como, por ejemplo, el salmorejo de fresones acompañado por arenques del Báltico marinados, del chef Abraham García. Hablando de otras combinaciones en la zona del Este de Europa destaca la okroshka, una sopa fría muy popular en la cocina rusa y ucraniana, un plato no menos misterioso que el alma rusa. La receta clásica incluye una mezcla de verduras crudas como pepinos, cebolleta y rábano, con patatas cocidas, huevo y jamón. La base tradicional de esta sopa es el kvas, una bebida de centeno fermentado que es difícil de encontrar fuera de Europa del Este, o el kéfir. En lo que se refiere a las tendencias gastronómicas, los franceses nunca se quedan atrás. Su sopa fría vichyssoise, una crema salada con puerro, cebolla, patata, leche y nata, es mundialmente conocida y tiene hasta su leyenda, según la cual, el supuesto inventor de este plato veraniego, el cocinero francés Louis Diat (1885-1957), la creó en 1917 cuando trabajaba en el famoso hotel Ritz-Carlton, en Nueva York. Sintiendo una fuerte nostalgia por su patria, el chef se acordó de una sopa caliente que le preparaban su madre y su abuela la ciudad Vichy, de donde procede el nombre del plato, y decidió intentar hacerla fría. El resultado se quedó tan refinadamente sabroso y refrescante que los patrones del Ritz no tardaron en incluirlo en la carta. |
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