Praga, la ciudad de las cien torresPraga, la ciudad de las cien torresPasear por las calles de Praga es como sumergirse en un cuento de hadas. Callejuelas medievales, iglesias, puentes, mansiones de la antigua nobleza de Bohemia y el castillo que corona la ciudad componen una estampa única. Explorar sus rincones será, sin duda, una experiencia inolvidable. Desde lo alto de sus torres, once siglos contemplan al viajero. En el corazón de la vieja Europa, la capital de la República Checa se alza majestuosa. Conocida la ciudad de las cien torres, la Roma del norte e incluso se ha llegado a decir de ella que no se ha abierto en toda la faz de la tierra un libro de historia y arquitectura más hermoso. En Praga hay infinidad de rincones con encanto, aunque si sólo se va a estar unos días en la ciudad es importante tener claro qué visitas son imprescindibles. Entre los lugares indispensables destacan el puente de Carlos, el castillo y la ciudad vieja, según comenta El puente de Carlos es una auténtica joya de la arquitectura medieval que comunica la ciudad vieja con Malá Strana (ciudad pequeña), el barrio en el que residía la nobleza. El emblemático puente tuvo varios predecesores que no resistieron las embestidas del río Moldava. No obstante, este símbolo de la ciudad de Praga ya lleva en pie más de seis siglos y medio. En el barrio viejo, una estatua honra al célebre autor de “La metamorfosis”, Frank Kfaka. Estamos en el antiguo gueto judío de Praga. El cementerio, la sinagoga Vieja-Nueva, la sinagoga Pinkas y el ayuntamiento judío, además de la citada sinagoga española, son algunos de los principales puntos de interés del barrio judío o Josefov. Además del barrio judío, la ciudad vieja tiene otros lugares interesantes como la iglesia de Santiago o la torre de la pólvora. No obstante, el corazón de esta zona es sin duda la plaza del ayuntamiento, una parada que es absolutamente inexcusable. Allí se encuentran el memorial de Jan Hus, la iglesia de San Nicolás y la de Nuestra Señora de Týn que merecen ser contempladas sin prisas. Sin embargo, el principal atractivo de esta plaza es el reloj astronómico, ubicado en la torre del ayuntamiento. Las tres agujas de la esfera central indican la posición del sol, de la luna y de los planetas según la cosmología medieval. La esfera inferior, por su parte, es un calendario de los meses del año. Otra de las paradas imprescindibles es Malá Strana, donde residía la antigua aristocracia. Sus escudos todavía se pueden ver en muchas fachadas. El alma del barrio es la plaza de Malá Strana y desde allí se puede visitar la iglesia de San Nicolás. Otros lugares a tener en cuenta son la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, conocida también como del Niño Jesús de Praga, el Museo de Kafka o el muro Lennon. Una ciudad que no dejará a nadie impasible. Altiva y misteriosa, se torna diferente en función de los ojos que la contemplen. En definitiva, Praga es una ciudad en la que perderse y encontrar la salida. |
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