Religión y espiritualidad

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“Navidad musulmana” genera polémica en el islam

Millones conmemoran el nacimiento del Profeta Mahoma, lo que enfrenta a sufíes y salafistas.

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    No es el camino recorrido, es el que falta por recorrer
    EFE
    Un niño observa la réplica del lugar de peregrinación sagrado para los musulmanes, La Meca, durante la celebración de la festividad musulmana del Mawlid, el día que conmemora el nacimiento del profeta sagrado para los musulmanes, Mahoma, en Karachi, Pakistán.

    Mil quinientos millones de musulmanes en el mundo celebran entre el jueves y el viernes el Mawlid al Nabawi, fiesta que conmemora el nacimiento del Profeta Mahoma, en medio del constante debate entre sufíes y salafistas sobre su legitimidad y sobre la lectura rigorista o popular del islam.

    La mayoría de países musulmanes coinciden en celebrar el aniversario del profeta, que nació hace catorce siglos (el día 12 del mes de Rabia I del calendario lunar de cada año), pero los hay donde no es festivo y las celebraciones se hacen a nivel familiar o individual.

    Esas celebraciones consisten en veladas religiosas donde se lee el Corán y se elogia al profeta, pero generalmente no hay un ambiente festivo en las calles comparable al de las navidades cristianas.

    Mientras que Arabia Saudí no celebra el Mawlid por considerarlo un ritual en desacuerdo con el islam, en el otro extremo está Egipto, donde las celebraciones son más joviales, con un ambiente colorido y donde son protagonistas los dulces típicos y turrones a base de azúcar.

    En el norte de África, los festividades son más bien familiares: las mujeres cocinan la "asida" (preparada con harina de trigo cocida, servida con miel y mantequilla), un plato que según la tradición se cree que Mahoma consumía, además de frutos secos, todo ello en medio de vapores de incienso.

    En Marruecos -donde el rito oficial tiene un gran componente sufí- el evento se celebra desde las más altas esferas del Estado: el rey Mohamed VI cuida personalmente esta festividad al presidir cada año una velada religiosa destinada a cantos de alabanza a Mahoma.

    El monarca, que siempre pone por delante su parentesco con la familia de Mahoma, protege y financia a las diferentes cofradías sufíes repartidas en el país, como siempre hicieron sus antepasados.

    Durante el Mawlid, estas cofradías multiplican sus celebraciones con lecturas del Corán, cantos religiosos que se acompañan de movimientos sincopados hasta llegar al éxtasis espiritual.

    Entre estas cofradías, destaca la Hassounia situada en el casco viejo de la ciudad de Salé, vecina de Rabat, donde la fiesta adquiere un carácter más visible con la tradicional "procesión de las velas", un ritual anual consistente en un desfile de hombres en chilabas (largas túnicas) que sostienen enormes velas adornadas que recorre las calles de la ciudad en dirección de la cofradía para dar comienzo a la festividad.

    "Cada nación tiene su héroe, y el profeta Mahoma es uno de los grandes maestros de la humanidad", dice a Efe Abdelah Guedira, representante del Consejo Supremo de Ulemas en Rabat, quien aclara que la celebración del aniversario del profeta no significa "divinizar" su persona sino más bien rendir homenaje a su legado y seguir su ejemplo.

    La cuestión de las celebraciones ha reavivado el recurrente debate entre las diferentes ramas del islam sobre su validez: los chiíes y sufíes la conmemoran, pero frente a ellos, los salafistas la califican de "bida" o innovación prohibida por la religión.

    En vísperas del Mawlid, es habitual ver a varios jeques salafistas, tanto en las televisiones como en las redes sociales, tratando de deslegitimar el evento con argumentos como que el mismo profeta nunca celebró su cumpleaños en sus 63 años de vida ni ordenó hacerlo de forma expresa.

    Otro argumento que consideran de peso es el dudar sobre la fecha misma de nacimiento, y sostienen que la esta misma fecha del 12 de Rabia I coincide con el día en el que falleció Mahoma, lo que para ellos equivale a una celebración de su muerte.

    El salafismo aboga por una aplicación rigorista de la Sharia (ley islámica) y rechaza cualquier culto a santos despreciando así las prácticas sufíes que, a su juicio, son contrarias al islam.

    La oposición ideológica entre salafismo y sufismo, cada vez más visible, tuvo su manifestación más sangrienta el pasado viernes tras el ataque yihadista contra una mezquita frecuentada por sufíes en el norte de la península egipcia del Sinaí en el que murieron más de 300 personas.

    La controversia sobre la legitimidad del Mawlid es un síntoma más de que las diferentes ramas del islam, pese a que estén de acuerdo sobre los principios, se distancian cada vez más en las prácticas.