Sueño cumplido: pierde 250 libras y se lanza al vacío desde un avión

Ana Cancel Vázquez se sometió a una cirugía bariátrica, pero asegura que esa no ha sido la batalla más difícil. Aquí su historia.

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"Fue un momento liberador", asegura la joven puertorriqueña Ana Cancel Vázquez sobre el día en que finalmente logró uno de sus sueños: lanzarse de un avión en paracaídas.
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Y es que, para ella, realizar esta experiencia extrema conllevó más obstáculos que para la mayoría de las personas.
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La joven llegó a padecer de obesidad mórbida y su peso le impedía realizar muchas actividades.
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Pero, tras una cirugía bariátrica, otra de remoción de exceso de piel y un enorme compromiso por mejorar su calidad de vida, Ana logró finalmente lanzarse de un avión.
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"Cuando pesaba 450 libras no lo podía hacer por requerimientos del paracaídas, que tiene cierto límite de peso", dijo Ana Cancel a Telemundo Local.
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Y tras atravesar por la aventura, afirma, logró quitarse el "estigma de que mi cuerpo no me dejaba hacer algo que quería hacer".
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Ana recurrió a la popular compañía Xtreme Divers West, ubicada en Arecibo, Puerto Rico, para su primer salto en paracaídas.
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La acompañó el instructor Felipe Vancellete.
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Saltaron desde 10,500 pies de altura y cayeron a una velocidad máxima de 120 millas por hora mientras observaban los bellos paisajes de la Isla del Encanto.
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Y después del cómodo aterrizaje, Ana vivió para contarlo y dice que es un sueño cumplido. Los interesados en realizar esta experiencia en Puerto Rico pueden llamar al 787-852-5757.
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Ana llegó a pesar 451 libras y estaba convencida de que moriría por su condición de obesidad mórbida.
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Y aunque en varias ocasiones consideró someterse a una cirugía bariátrica, finalmente tuvo el valor tras un evento que la llevó definitivamente a luchar por su vida.
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Según narró a Telemundo Local, a principios del año 2014 se encontraba relajada en la orilla en una playa de la Isla del Encanto. Sus padres y su esposo, quienes fueron con ella a disfrutar de ese día, la habían dejado sola por un momento mientras ella tomaba el sol, cuando de repente las olas comenzaron a arrastrarla hacia el agua.
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“No podía flotar, no podía pararme, fue un momento desesperante y pensé en dejarme ir. Pero algo dentro de mí me dijo que pidiera ayuda y empecé a gritar”, recuerda la graduada de Psicología de la Universidad de Puerto Rico. Fue así como unos desconocidos le dieron auxilio y salvaron su vida.
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En ese momento, Ana tomó la decisión: “Yo no me voy a morir de gorda, yo me voy a salvar”.
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Cancel Vázquez, de 35 años, ya había atravesado tres intentos de someterse a una cirugía bariátrica. La primera vez desistió, pues, según dijo, varios pacientes habían fallecido tras operarse con el médico que consultó en aquella ocasión.
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En la segunda oportunidad, cuando aún no alcanzaba su peso máximo, otro doctor le dijo que no era candidata para el procedimiento, pues no padecía de condiciones típicas de las personas que se someten a esta cirugía, como alta presión, diabetes o apnea del sueño.
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Y, en una tercera ocasión, su patrono no le brindó flexibilidad de tiempo, y en ese momento optó por su seguridad laboral por encima de su salud.
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Pero tras el traumático incidente en la playa, Ana llegó a las manos del cirujano bariatra Albert Suárez Domínguez, quien la operó en 2014.
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La joven admite que su familia, en especial su madre, sintió miedo del procedimiento, pero ella estaba convencida.
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“Mi salud ya estaba peor. Tenía menos movilidad, seguía aumentando de peso y ya padecía de apnea del sueño por obstrucción, hipotiroidismo e hipertensión. Prefería morirme en la sala de operaciones tratando de salvar mi vida, que esperar a morirme en mi cama por la obesidad”, reflexionó.
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Tras cumplir con varias directrices, como perder algunas libras y hacerse diversas evaluaciones médicas y psicológicas, el doctor le realizó una exitosa cirugía de manga gástrica en la que le extirpó el 70% de su estómago. Pero la batalla apenas comenzaba.
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Tras atravesar varias etapas posoperatorias de la mano de su nutricionista, Doelys Hernández (a la izquierda en la foto), en las que solo consumió líquidos, licuados y majados, Ana llegó a su peso mínimo de 201 libras, 250 menos que las 451 que llegó a cargar.
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Y aunque sin dudas había alcanzado un gran logro, Ana Cancel Vázquez ahora se enfrentaba a la que considera ha sido su batalla más difícil: la piel excedente tras la dramática pérdida de peso. “Te vitorean pero tú te sientes infeliz por todo el exceso de piel”, reconoció.
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“El tener que presentarte ante un profesional de la salud y enseñarle tu cuerpo, ser tan abiertamente vulnerable a que otra persona pase juicio sobre cómo está tu cuerpo después de que te has esmerado tanto, de que has hecho tanto esfuerzo para tener la salud, es bien difícil”, reconoció.
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Fue así que comenzó el proceso de cirugía plástica. Ana se puso en las manos del Dr. Orlando Cañizares Jr. (a la izquierda en la foto), quien le removió 16 libras de piel del abdomen, los senos y los brazos.
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Ahora, orgullosa de su piel excedente, a la que llama sus “medallas de guerra”, la joven planifica someterse a una segunda cirugía plástica para trabajar con otras partes de su cuerpo.
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“Estoy aprendiendo a valorar mi cuerpo, lo que he logrado. Más allá del cuerpo que yo trabajé, lo que yo logré fue una segunda oportunidad de vida. Sería muy malagradecida de no gozar esta oportunidad, porque yo me iba a morir de gorda”, afirmó.
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Y ahora que sigue optimista ante las batallas que todavía le faltan, Ana reconoce que no hubiera podido salir adelante sin la ayuda de su esposo, Jean Pierre Santiago Gómez.
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“Desde que tomé la decisión él ha estado al pie del cañón. En el tercer intento él me apoyó por completo y en ese momento todavía éramos novios. Y en esta última oportunidad ha sido lo mismo. Él ha excedido todas las expectativas de cómo una pareja debe reaccionar en apoyo a cualquier proceso. No me alcanza la vida para agradecerle”, sentenció.
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