Luis Pabon Roca

Exigiendo respuestas

Por Luis Pabón Roca / Abogado y analista

Comenzamos hoy una serie de columnas y agradecemos de antemano a EL VOCERO por el apoyo a esta iniciativa. En términos generales, nadie está contento con la ejecución del Gobierno, independientemente de la versión que esté en el poder en un momento dado. Tampoco hay mucha contentura con los diferentes candidatos. No obstante, todos son producto de nuestra participación electoral. Independientemente que los hombres sean de Marte y las mujeres de Venus, los políticos son de la Tierra, en particular los que nos ocupan son de Puerto Rico. Excepto por la junta fiscal —nadie los puso ahí— fueron elegidos por nosotros y salen de entre nosotros. Entonces, ¿por qué los percibimos tan mal?

El proceso eleccionario comienza, por lo menos para los partidos mayoritarios, con el ciclo primarista. En este ciclo se hace historia ya que ambos partidos seleccionarán sus candidatos a la gobernación mediante este mecanismo.

Para el PPD, es la primera vez que se enfrentan tres precandidatos para el puesto principal del País (lejos, parecería ser, de los “candidatos de dedo” de los tiempos de Muñoz). Aunque para el PNP parecería ser normal escoger por primarias, también tiene un matiz histórico ya que nunca se había retado a un incumbente a primarias. (Y tan novedoso es, que el PNP enfrenta a dos personas que han ocupado el puesto durante el mismo cuatrienio, aunque haya sido por breves días por parte del retador de la incumbente).

La pregunta de todos los días es: ¿Y por quién voto? Les tengo una buena noticia y otra mala. La mala es que no pretendo contestar esa pregunta. La buena es que pretendo mediante estas columnas que ustedes se contesten la pregunta mediante un juicio crítico y racional que practicarán solos (o tal vez en consulta con sus respectivos “mismos”).

Estoy firmemente convencido de que si los ciudadanos fuerzan a los candidatos a expresar sus posturas estaremos en mejor posición de seleccionar a los mejores candidatos (o para los cínicos, los menos malos). Pero ojo, no es meramente que expresen sus posturas. Después de todo, eso hacen todos los días. Es que tiene que ser un confrontamiento crítico, de exigencia a la veracidad y de desmontaje de la propuesta demagógica, frívola y sin anclaje en la realidad económica del País.

Y es importante que comencemos por la casa. Es muy fácil atacar y criticar al candidato de la oposición, al que no nos simpatiza. Les propongo que todo análisis debe comenzar con la pregunta retórica (o sea, para mismo): ¿Y si eso lo hubiera dicho “el mío”, sería mi conclusión igual? ¿O el hecho de que lo diga quien lo diga tiene efecto en lo sustantivo?

Mi propuesta es que cada vez que tengamos acceso a un candidato —en encuentro casual, en las actividades de recaudación, en visitas, en fin, donde sea— utilicemos la oportunidad para exigir respuestas, con fundamentos, de aquello que nos preocupa. Transmitamos a nuestros candidatos las áreas que nos preocupan, exijamos que cuando nos ofrezcan villas y castillas tengan que anclar las propuestas en la realidad fiscal. ¿Con qué se va a pagar? Esa nunca la contestan. Más allá de que nos parezca una buena idea: ¿Tiene fundamento racional, científico o empírico la idea o propuesta?

Es importante señalar que toda idea nueva, toda solución, necesitará de fondos para ser implementada. Esos fondos, si son recurrentes, solo tienen dos posibles fuentes de financiamiento: nuevos impuestos (levanten la mano los que quieran más impuestos) o dinero existente. Si es dinero existente, la pregunta obligada y que nunca contestan es: ¿Qué programa será cancelado? Y es así de sencillo. La pregunta final siempre debe ser: ¿De dónde va a salir el dinero? ¿Qué se va a cortar? ¿ A quién se le quitará algún servicio? ¿A quién se va a despedir para que el nuevo programa contrate?

Una tercera alternativa en tiempos de pandemia y terremotos post María son los fondos federales. Y es válida ya que aparentan ser muchos y ofrecen una oportunidad histórica de transformar al País. Pero, ¿saben qué? Las primeras dos alternativas siguen siendo las únicas ya que una vez se terminen (no son fondos recurrentes) habrá que enfrentar la realidad de con qué fondos recurrentes se pagarán todas las propuestas recurrentes producto de estos fondos.

A partir de la semana que viene, todos los martes, estaremos discutiendo temas particulares con el único objetivo de pensar en las propuestas y provocar la discusión de ideas. ¡Terminemos con la trivialización pueril de las discusiones! Despachar el asunto como que todos son iguales tampoco aporta mucho. Como dijo el gobernador Ferré hace muchos años: “Esto tiene que cambiar” y añado: lo tenemos que cambiar nosotros mismos. Próxima semana: Educación.

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