Luis Pabon Roca

La tragedia de la educación pública

Por Luis Pabón Roca / Abogado y analista

Resulta incomprensible para muchos cómo nuestro sistema educativo sencillamente no funciona. La falta de recursos no es excusa ya que este departamento recibe desde hace muchos años más de 3 billones de dólares anuales. De hecho, hoy día a pesar de todas las crisis juntas —recesión desde 2008, huracanes, terremotos, pandemia— el presupuesto ronda los cuatro billones.

A pesar de estos presupuestos, cuando se mide la ejecución de los estudiantes, fracasan la mitad en las materias de más penetración (español) y más de tres cuartas partes no aprueban matemáticas. Recientemente vimos cómo la solución ante la crisis del Covid-19 para los educadores a cargo del sistema fue pasar de grado a los estudiantes, independientemente de qué logros se podían acreditar. De hecho, es tan patética la “solución”, que se igualan los que no pudieron/quisieron hacer trabajo alguno con aquellos que se esforzaron por cumplir. Si ha habido un premio a la mediocridad en tiempos recientes lo logró el presente secretario de Educación.

Aunque una línea de preguntas válida para los candidatos sería la relacionada a la educación en tiempo de pandemia, creo que más importante son la preguntas a largo plazo. Si hay un tema que contestan con frases de “apoyo el día de las madres” es el de educación, así que ojo con la demagogia cuando escuchen a sus candidatos.

Podemos hablar de tres grandes corrientes o temas en Educación en lo que concierne a impartir instrucción. La corriente regular, que últimamente se subdivide en corriente regular y unos esfuerzos integrando técnicas montesorianas que se podría llamar la corriente Montessori. Si definimos estas dos como corrientes paralelas para manejar los estudiantes regulares, la tercera corriente la constituiría la llamada Educación Especial. Las tres son objeto de controversia y nadie está contento, aún los que defienden alguna de ellas.

Sobre la corriente regular es probablemente la más desastrosa. Sacando aparte ejemplos de éxito —que los hay, como UHS, CROEM y varias escuelas especializadas— la mayor parte de la educación regular sencillamente es un fracaso. ¿Qué proponen los candidatos? La educación es la clave de un país competitivo y de que el individuo mejore su calidad de vida. Más allá de proclamar que el dinero debe ir al salón de clase —lo que es verdad y lo han proclamado todos los candidatos de los últimos 20 años—, ¿cómo se logra este objetivo?

La corriente Montesoriana aparenta tener algún éxito. Recientemente la gobernadora tuvo que revocar a su secretario con relación a un flamante nuevo reglamento de esta modalidad ya que los promotores entendían que lejos de ayudar destruiría los logros alcanzados. ¿Cuáles son esos logros? ¿Se pueden cuantificar? ¿Es un programa que se puede aplicar a toda la población? ¿Es la solución a la corriente regular? ¿O todo el mundo lo apoya porque es exótico y ha tenido algún logro? Los candidatos —que adelanto todos dirán que apoyan la corriente Montesoriana— lo hacen porque está de moda y suena exótico o porque tienen un entendido genuino de que esa ruta es la correcta. ¿Cómo lo apoyarán en concreto?

La Educación Especial sí que es un verdadero reto aun para propósitos de análisis. Esta población sigue creciendo y en Puerto Rico se dan dos fenómenos que no tiene paralelo cuando comparamos con otros estados. Primero, el por ciento de estudiantes identificados como de educación especial es astronómico con relación a la corriente regular; y segundo, una vez son clasificados como tal nunca “salen” de esa corriente. En términos generales el objetivo debe ser integración a la corriente regular, en la medida en que sea posible. En Puerto Rico eso nunca ha pasado.

Aclaro que he vivido esto en carne propia por uno de mis hijos que es Síndrome Down. Nunca he entendido por qué la relación con Educación siempre fue una antagonista y contenciosa donde los padres, lejos de ver una mano amiga, vive una constante batalla legal, ya sea en el mundo administrativo como en el judicial. De hecho, muchos estudiantes reciben su educación, terapias y servicios gracias a una corriente alterna provista por un caso en el Tribunal que lleva décadas. Una vez más, ¿qué proponen en específico los candidatos para que estos niños puedan en su día contribuir desde sus limitaciones el máximo que puedan desarrollarse? O sencillamente los dejamos a la vera del camino...

Los dejo con este pensamiento. Si hacemos un ejercicio aritmético —y estoy consciente que no es estrictamente válido porque hay que ponderar infinidad de variables— de cuánto presupuesto hay por estudiante, el número asombra: alrededor de $12,000 por estudiante. ¡Hay muy pocas escuelas privadas que cuestan eso! Esto tiene que cambiar. ¿Hay alguien dispuesto al cambio?

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